Neuromia (Cuento corto)

Por: Federico Hernández Ruiz / English version at the end.

Era un día como muchos otros, mi hijo y yo explorábamos el camino mientras caminábamos juntos. Cada uno de nosotros, de vez en vez, nos parábamos con curiosidad a levantar una semilla, una hoja, un tallo, un pedazo de vidrio. Así seguimos nuestro andar compartiendo nuestros efímeros hallazgos y sonrisas.

De repente, mi hijo hizo un alto total y se quedó muy atento al suelo para después recoger de él una piedra de buen tamaño y con una apariencia que definitivamente llamaba la atención. Al levantarla y limpiarla contra su pantalón me dijo con una gran sonrisa en su cara; ¡mira papá, mira qué encontré!

Al principio yo no sabía qué era aquella piedra pero al tomarla en la mano, sentir su peso tan característico y fijarme un poco mejor, supe que aquella piedra no era común, aquella piedra que mi hijo encontró era Neuromita.

Era increíble, ahí estaba tirada en el camino como muchas otras piedras en el suelo. Ni más ni menos importante que otras para cualquiera pero no para mi. Tener una Neuromita en mis manos era reconocer mis orígenes. Era poder tener por ese instante un trozo de aquel lugar de donde soy. De aquel lugar de donde todo surgió y que ahora parece tan lejano, tan distante.

Mi hijo me veía fascinado con su cara iluminada, su sonrisa auténtica, sencilla y al mismo tiempo tan rica. Él sabe de aquel origen que nos une, aquel lugar que nos permite tener tanto en común.

Desde entonces, aquella Neuromita nos acompaña en nuestras vidas; esta ahí, pequeña, rosa, con vetas blancas y pequeñas ranuras, su apariencia es impecable y me habla de una paciencia permanente, me dice del tiempo que está contenido ahí y que cada vez que la tomamos en la mano pareciera como que nos transmite su poder y nos llena de vida. A nosotros no nos queda de otra más que disfrutarla, pasarla entre nuestras manos, compartirla entre nosotros.

Es curioso cómo ese poder que tiene la Neuromita se expresa de manera tan singular. A nosotros, ni nos preocupa dónde la dejamos, siempre reaparece y nos llena de su magia recordándonos lo maravilloso que es cada encuentro con ella. Es curioso cómo aquella Neuromita que aparentemente no tiene un solo signo de vida, con ella llenamos de vida todos los momentos y no pasa un día en el que no sintamos su presencia.

A veces cuándo está por ahí y le pega la luz del sol, es como si se iluminará y con ella toda la habitación. Nunca se ve igual y cada arista nos deja ver un paisaje diferente. Son mil mundos en uno solo, es mi mundo, aquel de donde vengo y a donde puedo ir cada vez que quiero gracias a ella y no hay necesidad de cerrar los ojos para viajar a aquel mundo, tan solo se necesita una sonrisa y dejarse llevar por la magia del encuentro para saber que aquel mundo está a nuestro alcance, esta ahí para nosotros y nosotros para vivir en él.

Qué fortuna, gracias a nuestro hijo volví a mi mundo del que parece que nunca me fui. Hoy y desde aquel día, disfruto enormemente de ese origen que es Neuromia y del que ahora puedo hablar y compartir con todos; libre y lleno de gusto.

Fin
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#kids story #cuento #cuentoinfantil #idocare4 #fedehndz

D.R. © Federico Hernández Ruiz, Capulines 101A-2 EL Pinar Jurica. Querétaro. Querétaro. Mexico, 76100, primera publicación 2016

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